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"...Son
las cosas pequeñas de la vida, los cambios de actitud dia a dia y no los grandes gestos o
acciones desproporcionadas los que marcan la diferencia entre el éxito y el
fracaso". |
El éxito no siempre tiene que ver con lo que mucha gente ordinariamente se imagina.
- No se debe a los títulos que tienes, sean nobleza o académicos, ni a la sangre
heredada, o a la escuela donde estudiaste.
- No se debe a las dimensiones de tu casa, o a cuántos carros caben en tu cochera, o si
son último modelo.
- No se trata de si eres jefe o subordinado, si escalaste la última posición en tu
organización o estás en la ignorada base de la misma.
- No se trata de si tienes Frecuenta, de si eres miembro prominente de todos los clubes
sociales o si sales en las páginas de los periódicos.
- No tiene que ver con el poder que ejerces, o si eres un buen administrador, o si hablas
bonito y los reflectores te siguen cuando lo haces, de si eres religioso o no.
- No es la tecnología que empleas, por brillante y avanzada que ésta sea, o si tienes
computadora e Internet.
- No se debe a la ropa que usas, o si gozas de un tiempo compartido, si vas con
regularidad a la frontera, o si después de tu nombre pones las siglas deslumbrantes que
definen tu estatus para el espejo social.
- No se trata de si eres emprendedor, hablas varios idiomas, si eres atractivo, joven o
viejo.
* * *
- Se debe a cuanta gente te sonríe, y a cuanta gente amas y cuántos admiran con
sinceridad la sencillez de tu espíritu.
- Se trata de sí te ignoran o te recuerdan cuando te vas.
- Se trata de a cuanta gente ayudas, de a cuanta gente evitas dañar y si guardas o no
rencor en tu corazón.
- Se trata de si en tus triunfos incluiste siempre tus sueños.
- De si fincaste tu éxito en la desdicha ajena y de si tus logros no hieren a tus
semejantes.
- Es acerca de tu inclusión de los demás, no de tu control sobre los demás, de tu
apertura hacia los demás y no de tu simulación para con los demás.
- Es sobre si usaste tu cabeza tanto como tu corazón, si fuiste egoísta o generoso, si
amaste la naturaleza y a los niños y te preocupaste por los ancianos.
- Es acerca de tu bondad, tu deseo de servir, tu escuchar y tu valor sobre la conducta
ajena.
- No es acerca de cuantos te siguen, sino de cuantos realmente te aman; de a cuántos
mandas, sino cuántos te creen, de si eres feliz o finges estarlo, para no complicarte la
vida.
- Se trata del equilibrio, de la justicia, del bien ser que conduce al bien estar y al
bien tener.
- Se trata de tu conciencia tranquila, tu dignidad invicta y tu deseo de ser más, no de
tener más.
Porque si así no fuera, sin duda tendríamos que pensar en un grave error en los
diseños de Dios. En lugar de la ley de amor, debía haber puesto la ley del más astuto y
del que habla más fuerte. En lugar de privilegiar a Teresa de Calcuta y a Rigoberta
Menchú, habría que alabar a Hitler y a Stalin. En lugar de Asilos, debería haber
holocaustos y en lugar de compasión, debería existir desalmado pragmatismo.
Por eso, y a pesar de todo, el mundo todavía tiene redención. Mientras haya sueños,
ilusiones y románticos incurables. Y personas que imaginan un mundo más allá de unos
cuantos indicadores oscuros de un pseudo-éxito perecedero y efímero.
Y MIENTRAS EL VERDADERO ÉXITO SEA DEL HOMBRE QUE HACE LAS COSAS Y NO DE LAS COSAS QUE
HACE EL HOMBRE.
Licenciado Rubén Núñez de Cáceres
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