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La intuición |
Un gran recurso que podría salvarnos la vida.Probablemente lo que os comunicaré con las palabras y párrafos siguientes os ayudarán en la comprensión de la frase con la que arranco este artículo. Tenemos en nuestro poder un gran potencial, todavía no manchado con defectos de nuestro mundo. Es natural como un bebé y nos preserva en un primer momento de aquello que podría ser nocivo para nuestra integridad. Pero,... ¿por qué no la atendemos?, ¿por qué no le prestamos atención?. Se halla libre de todo juicio al tiempo que unida a nuestras predicciones, aquellas que a menudo esbozamos en silencio tras confirmar una noticia que ya suponíamos. A pesar de estar formada por lo mejor, seguimos sin darle adecuado crédito. Es rápida y no se halla teñida con mecanismos de defensa que protegen nuestro indefenso yo. ¡Qué curiosidad! Las defensas protegen al yo privándole de la única posible y real: la intuición. Uno de los mecanismos para defender nuestro estimable Yo es la
negación de una realidad. Si ese hecho llegara a nuestra conciencia tal y
como ha sido presentido, probablemente nos llenaría de angustia o
desasosiego. La gran virtud de la intuición es justamente que surge previa al proceso de enmascaramiento de la realidad. No se saca ningún provecho con ella a pesar del gran beneficio que podría reportarte si te acostumbraras a percibir sus señales o indicaciones. La intuición ayuda al ser humano a captar una situación, hecho o persona que podría resultar peligrosa. A menudo el miedo a que nuestra intuición tenga una justificada realidad nos hace bloquearla, negarla obstaculizando su reflexión. Imagina que estás saliendo con un chico desde hace unos pocos meses y
un día, mientras estáis tomando una copa en un bar, aparece un antiguo
novio tuyo. Charláis, le presentas a tu novio y todo parece transcurrir
normalmente, pero... cuando os despedís del intruso, tu pareja te acosa
verbalmente a preguntas con claro recelo. A menudo nos engañamos tratando de justificar conductas que viéndolas en otros no consentiríamos y sin embargo las obviamos por amor o dependencia. Muchas mujeres que sufren maltrato podían haber predicho ese destino
si hubieran atendido las señales que le mostraba el agresor; pero en vez
de ello prefirieron engañarse justificando esos actos absurdos, poco
corrientes que él mostraba y así como por acto de un filtraje hacer
sobresalir sólo los pocos instantes agradables. Nuestros sentidos no nos engañan y muchas veces ese escalofrío que recorre nuestro cuerpo ante la mirada de un extraño tiene algo de realidad. Volvámonos más perceptivos, más intuitivos y no toleremos más
humillaciones ni acosamientos. Tengamos en cuenta las señales que intuimos y anticipemos el, Basta!, antes de que sea demasiado tarde.
© Gloria Marsellach Umbert - Psicólogo |
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