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El Psicólogo en la Red

La Prisa

"No por mucho madrugar, amanece más temprano".

refrán popular

Como cada Viernes de estos últimos 2 años, he llegado a la zona de aparcamiento donde dejo el coche para tomar el tren que me llevará a mi destino en el centro de la ciudad. Hoy es temprano, son las 7,30 de la mañana y no tengo prisa.

Para acceder a la entrada de la estación he de cruzar la carretera por un paso de peatones que regula un semáforo. Una caravana de coches circula por la carretera. El semáforo por fin se pone verde. El señor que tengo a mi izquierda comienza a andar rápido y yo le sigo un metro más atrás. En un fracción de segundo veo e intuyo el desastre, un coche gris metalizado saltándose todas las reglas del juego abandona el carril en el que ya hay parados al menos 6 coches y forzando la marcha los adelanta pasándose el semáforo en rojo. Yo doy un salto reflejo hacia atrás y grito al conductor. El señor de mi izquierda milagrosamente ha rectificado a tiempo y no ha sido arrollado por el "conductor asesino", y digo asesino ya que ni siquiera ha hecho la intención de parar sino todo lo contrario ha aumentado su velocidad...

La sociedad actual se ha acelerado durante este último siglo y ha empezado el nuevo milenio con nuevas reglas y la más importante parece ser: "El que no corre no llega a tiempo". Como dice el grupo -Ketama- en una  canción "Quiero que paren el mundo...", "...Es el mundo de la prisa...". Deberíamos parar un poco el mundo ya que la prisa nos ha llevado a quedarnos poco a poco sin bosques o a contaminar la atmósfera por encima de los niveles que deberían estar permitidos. Y no nos sorprende la madre que corre por la acera con su hijo pequeño y le da un cachete mientras le dice: "corre, no ves que no llegamos...". El pobre niño tan solo se ha entretenido a mirar un pájaro. En las empresas todo lo piden para ayer, y quizás tan solo con un poco de organización y cooperación se acabarían las prisas.

Tiempo atrás tuve noticia de un accidente (uno de muchos), en el que se vieron implicados el conductor de una motocicleta accidentado y una pareja que paró su coche para auxiliarlo. Otro conductor seguramente con prisa por llegar a su destino los atropelló causándoles la muerte. Casos parecidos a este los leemos continuamente en los periódicos y no me extraña, al fin y al cabo la sociedad nos lanza mensajes subliminales como: "Con este coche podrás levantarte más tarde...", o "La potencia de un coche nos sacará de un apuro en un adelantamiento...". Esto último lo decía un comercial en la televisión días atrás cuando el periodista le preguntaba para que tanta potencia en un nuevo modelo de coche. Seguramente el conductor de esta mañana había visto también esos programas y ha tomado al pié de la letra esas frases.

Un nuevo estudio revela, otra vez, que el estrés en el trabajo nos puede llevar a diferentes tipos de depresión y que este tipo de enfermedades "de la mente", deberían incluirse como enfermedades laborales comunes. Otro estudio publicado en un diario de economía indicaba que la mala organización en la empresas era causa de desmotivación de sus empleados.

Por suerte para mi y mi familia este mes me traslado desde la gran urbe, porque aunque vivo en una localidad cercana a Barcelona la considero parte del área metropolitana, a una población pequeña junto al macizo del Montseny. Quizás una de las cosas que me han cautivado de esa zona es la "lentitud" con la que se mueve la gente y cuando digo "lentitud" no me refiero a que anden más despacio sino a que la vida se la toman de forma más pausada. Cuando llego el fin de semana al piso que hemos alquilado mientras duran las obras de nuestra nueva casa me parece que nosotros vamos mucho más acelerados que el resto de habitantes, cosa curiosa ya que la sensación es como la de estar en un sueño.

Comentábamos mi mujer y yo que estos últimos meses estamos como acelerados, en parte debido al cambio que nos obliga a coordinar más temas de los que habíamos pensado en un principio y en parte debido a haber probado la quietud de los bosques los fines de semana. Nuestros cuerpos adictos al estrés diario se resisten a ralentizarse para posteriormente ponerse en marcha de nuevo.

El conductor del inicio de este escrito hoy ha llegado un minuto antes a su destino seguramente, pero podría haberlo hecho horas más tarde. El señor de mi izquierda que estuvo a punto de ser atropellado, hoy habrá llegado a tiempo a su destino, pero podría no haber llegado nunca.

Os invito a que meditéis con esta reflexión:

Que vale más, un minuto de tiempo o una vida...



© Paco Arriaza - Gloria Marsellach Umbert


KamePG Design - Ultima actualización el 1 de Julio del 2001

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