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El Psicólogo en la Red

Los hijos del deseo de Marcelo Ricardo Camino
mabebe.gif (1668 bytes) "A menudo los hijos se nos parecen,
y así nos dan la primera satisfacción;
esos que se menean con nuestros gestos,
echando mano a cuanto hay a su alrededor".

Pero, ¿qué pasa si este niño que acaba de nacer, y a quien estuvimos esperando tanto tiempo, no se nos parece?. ¿Nos da así la primera gran frustración?. ¿Qué pasa si no se menea con nuestros gestos, y su cuerpito dañado no le permite echar mano a cuanto hay a su alrededor?.

Si bien, tenemos en claro, que nunca el hijo que nace tendrá una absoluta correspondencia con la imagen del hijo deseado, de ese hijo ideal, de ese hijo restituyente de todas nuestras debilidades, de ese hijo predestinado al éxito que no supimos conseguir; mucho más frustrante para los padres será encontrarse con un hijo que ni siquiera se asemeja a un rasgo del hijo anhelado, al menos en un primer encuentro sin duda vivenciado como traumático.

Este primer encuentro, más bien tiene el tinte de un desencuentro, de una particular pérdida de la ilusión, que cae bajo la sombra de "lo siniestro", de lo extraño en lo familiar. (1)

De forma insoslayable, ". . . los fantasmas de la madre orientan al niño hacia su destino (...) aún en el caso de que entre en juego un factor orgánico, el niño no sólo tendrá que enfrentarse con una dificultad innata, sino también con el modo que tiene su madre de utilizar esta defectuosidad en un mundo fantasmático, que acaba por ser común a ambos." (2)

Pero no es mi intención colocarme en la cómoda posición del observador, que juzga la actitud de los otros, con todas las herramientas de la frialdad teórica, con la posibilidad que otorga la distancia abismal que existe entre el papel y la situación; porque de esa forma estaría cometiendo el mismo error que pretendo entender. No puedo permitirme reducir a las figuras parentales de un niño con cierta discapacidad, al lugar de meros objetos que se equivocan, sin tomar en cuenta el contexto de la situación traumática, sin poder pensarlos como sujetos que sufren, sin poder pensarlos como sujetos que nunca fueron entrenados para dicha situación.
Entonces comienzo a poblarme de preguntas, referidas al origen de la frustración. ¿Porqué es tan grande la distancia entre el hijo esperado y el hijo nacido?; ¿porqué el hijo en el vientre es deseado, hablado, mimado?; ¿porqué el hijo post-parto debe emprender una ardua lucha para ser deseado, hablado y mimado?.

"Y así comienza el largo peregrinar por diferentes especialistas que insisten y se empecinan con diagnósticos que caen sobre nosotros con el peso de una sentencia: que Síndrome de Down, que parálisis cerebral, que ceguera congénita, parece que todos se han confabulado en nuestra contra. ¿Dónde quedó nuestro hijo?."

"Esos locos bajitos que se incorporan
Con los ojos abiertos de par en par,
Sin respeto al horario ni a las costumbres
Y a los que, por su bien, hay que domesticar."

¿Cómo entender lo que se siente, cuando este niño no puede incorporarse, no puede abrir los ojos de par en par, o si los abre, sólo trasluce oscuridad?.
¿Realmente hay que domesticarlo por su bien, o por nuestro bien, a qué le tememos?.
Pues, creo que a lo que le tememos es a nuestros propios fantasmas, a nuestra propia angustia.

Recapitulemos, ¿qué es lo que sembramos en el hijo por venir, y que no pudimos cosechar en el niño que recibimos en su lugar?. Pues las semillas de la revancha, una íntima segunda oportunidad, la posibilidad del cumplimiento del deseo insatisfecho. Alguien dijo una vez, "la experiencia es un peine que te regalan cuando estás pelado"; entonces este hijo del vientre podrá dar vuelta la historia, podremos utilizar en él, de una vez por todas, nuestra experiencia, podremos depositar en él todas nuestras expectativas, este niño del vientre tendrá la oportunidad (obligación), de un segundo tiempo, que nosotros no hemos tenido, nosotros seremos sus técnicos y haremos los cambios pertinentes para poder, esta vez sí, "ganar el partido".

"Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
nuestros rencores y nuestro porvenir.
Por eso nos parece que son de goma,
y que les bastan nuestros cuentos
para dormir."

Nos empeñamos en dirigir sus vidas,
sin saber el oficio y sin vocación.
Les vamos transmitiendo nuestras frustraciones,
con la leche templada
y en cada canción."

Nuestras frustraciones están nuevamente en el tapete, ante la presencia de un niño que, a primera instancia, se encuentra fuera de toda regla. Un niño que no tiene nada que ver con ese ideal que construimos. Se trata de un niño "en falta".

Aquí precisamente es donde emerge el rol profesional. Se trata de un profesional que sepa escuchar sin ser cómplice; de un profesional que contenga y colabore con la elaboración del duelo más difícil, del duelo para el que no hay palabras, "de la muerte del ideal".

Pero la intervención del profesional deberá dar lugar al desarrollo favorable de este duelo, para que los padres del niño con una discapacidad, puedan reconocer a éste como su hijo, como ese mismo hijo que los escuchaba desde adentro, que los sentía, que los necesitaba y los necesita, ahora más que nunca, como cualquier otro recién nacido, desde la indefensión de ese primer momento angustioso.

Tal vez, lo más angustiante para estos padres, pase por el enfrentamiento con este niño en falta; porque la situación misma los coloca a ellos frente a su propia falta. Y he aquí la paradoja: lo que parece un callejón sin salida, lo que los sumerge en la angustia, es este encuentro de una falta en relación con otra falta, de una carencia en relación con otra carencia, vale decir, las condiciones necesarias para la emergencia de un Sujeto.
Un sujeto, que se constituye en este Otro que en un primer momento arma una dimensión ligada al goce, y que tiene su lugar como objeto, su alojamiento en el deseo del Otro; hasta que la angustia permita el pasaje por ese primer momento lindante a lo siniestro, para dar paso a la constitución como sujeto barrado, (previa cesión de objeto, de goce autoerótico)(3) .

Obviamente, esto no es sencillo, lleva tiempo, y además encontrará un gran número de obstáculos en el camino.
Es común la aparición de conflictos en la pareja, de culpas circulantes, de funciones veladas, de reclamos de atención por parte de los hermanos que se sienten de lado.

Pero muchas veces sólo se trata de la reactualización de conflictos preexistentes que se evidencian, ante lo movilizante de la situación actual.

Por otro lado no podemos dejar de destacar el peso de las representaciones sociales, que acudirán en todo momento, como efectos discapacitantes, que centrarán la atención en el déficit, como una forma de "marcar", la falta en el otro, con el objetivo de velar nuestra propia falta.

Pensemos en las diferentes significaciones que circulan en nuestra sociedad, en torno a la discapacidad.
Toda sociedad en diferentes contextos históricos y geográficos, tiene una representación que circula acerca de la discapacidad. Esto determina ciertas intervenciones particulares. Pero además, toda sociedad tiene una representación de sí misma, se asignan determinados roles, se ejerce determinado poder, se ejerce determinado control; en síntesis, se establece un orden social, basado en un "Imaginario Social".

Sabemos que el Ideal de la cultura, busca la satisfacción narcisista, por el orgullo del rendimiento obtenido. Producto de esto aparecen "imágenes ideales", que conllevan la ilusión de completud, como parapeto de la angustia frente al límite. Estas imágenes ideales sustentan representaciones referidas al dinero, al éxito, a la juventud eterna, al poder.

Todo aquél que se oponga a esta imagen será segregado, marginado, ocultado, para mantener esas imágenes ideales, que protegen frente a la angustia.
El lugar que se le ha asignado a las personas con discapacidad, responde a determinadas representaciones sociales. En Grecia, se arrojaba de un monte a las personas que no eran aptas para la guerra; esta actitud constituía una condena real.

En nuestra sociedad, en cambio, se produce la condena social, como manifestación de una articulación defensiva frente a la angustia de castración que pone en peligro la ilusión grupal.
Suelen aparecer, paternalismo y compasión frente a un sujeto con una discapacidad, como formaciones reactivas frente al rechazo, frente a la condena social; como una forma de restitución narcisista.
Posteriormente y con el paradigma de la "rehabilitación", se intentó, y aún sucede, obtener el máximo de rendimiento, cueste lo que cueste, (aún la subjetividad), para acercarlo a lo "normal", lo más posible.
Muchos profesionales participan de este juego, se centran sólo en el déficit, y se colocan al servicio de la sociedad disciplinaria, de la segregación y la discriminación.

Justamente de lo que se trata es de todo lo contrario, el profesional deberá, junto con los padres, "desplegar las potencialidades subjetivas de este niño", tomando en cuenta que "la imagen del cuerpo es la síntesis viva de nuestras experiencias emocionales: interhumanas, repetitivamente vividas a través de la sensaciones erógenas electivas, arcaicas o actuales. Se la puede considerar como la encarnación simbólica inconsciente del sujeto deseante.

La imagen del cuerpo es a cada momento, memoria inconsciente de toda la vivencia relacional, y al mismo tiempo, es actual, viva, se halla en situación dinámica, a la vez narcisística e interrelacional.
Gracias a nuestra imagen del cuerpo, portada por y entrecruzada con nuestro esquema corporal, podemos entrar en comunicación con el Otro.
No es sino en la imagen del cuerpo, soporte del narcisismo, que el tiempo se cruza con el espacio, y que el pasado inconsciente resuena en la relación presente". (4)

Entonces, y para concluir, solo me queda reflexionar sobre las preguntas del comienzo; solo me queda tratar de entender situaciones no vividas, solo quisiera poder aceptar que ". . . De vez en cuando la vida, nos gasta una broma, y nos despertamos sin saber qué pasa. . ."(5) ; pero que pase lo que pase, lo que nunca debemos dudar, es que quien está frente a nosotros es un sujeto que desea, siente, sufre, ama, y tiene mucho por hacer.

"Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día
nos digan adiós." (6)

 

Licenciado Marcelo Ramón Camino

 

(1) Freud, Sigmund: "Lo Siniestro"
(2) Mannoni, Maud: "El niño retrasado y su madre"; Introducción, pág. 26.

(3) Lacan, Jaques: Seminario X, "La angustia".
(4) Dolto, F.: "La imagen inconsciente del cuerpo"
(5) Serrat, Joan Manuel: "De vez en cuando la vida".
(6) Serrat, Joan Manuel: "Esos locos bajitos".

 

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Gloria Marsellach Umbert - psico@ciudadfutura.com