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El Psicólogo en la Red

Una sexualidad anormal

"La sexualidad es una donación de sí mismo".
"No hay verdadera sexualidad con miedo interior"

Pierre Daco

La complejidad del ser humano le llevan a menudo a la insatisfacción de su estado actual. La sexualidad es uno de los campos que más se resienten precisamente por la importancia de este tema en nuestras vidas. Las represiones, los juicios moralmente erróneos, los complejos, las fantasías, las culpas,... derivan en una sexualidad anormal y la llamo así porque el sujeto que la experimenta no se siente, en alguna parte de su ser, bien con ella. No hay un patrón de normalidad que diga cuántas veces hay que hacer el amor para ser normal ni cómo hay que hacerlo; simplemente es la satisfacción de ese acto el que conduce a una sexualidad satisfactoria o anormal.

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Antonio era un chico de 19 años con una novia encantadora, un piso prácticamente montado y con fecha para la boda, pero él se sentía infeliz sin saber porqué. A escondidas de su familia y su prometida inició una terapia para averiguar qué había en su interior que le hacía sentir de ese modo.

No disfrutaba de las relaciones sexuales y suponía que la quería porque llevaban muchos años juntos pero siempre era ella la que inicia la conducción del acto sexual y él parecía un muñeco en sus manos. Con el grupo de amigos era considerado un macho y un ligón pero según él era una fama que se había ganado más por palabrería que por hechos.

Jugaba al fútbol, deporte claramente varonil, y asimismo disfrutaba en sus ratos de ocio viendo partidos por televisión tanto de fútbol como de boxeo. Trabajaba de mecánico de coches y había colgado los estudios hacía ya años. Vivía en un barrio pobre de las afueras de la ciudad y en su familia cada cual hacía lo que podía para llevar dinero a casa.

Cuando le pregunté el motivo de su consulta inicial me respondió que a pesar de que todo parecía irle bien se sentía insatisfecho y quería averiguar el porqué de sus inquietudes. El resultado de las pruebas y la duración terapéutica condujo a la resolución de que Antonio era homosexual y su inquietud respondía a la insatisfacción de sus relaciones sexuales actuales. Se sentía mal con su propio cuerpo por la falta de disfrute con las féminas y a la vez por el temor a que sus sospechas inconscientes se hicieran realidad.

Ser homosexual es algo normal pero Antonio no lo vivía de un modo normal por ello su sexualidad era anormal. La noticia evidentemente le cayó como un jarrón de agua helada porque sus esquemas (y los de su familia) se caían a pedazos, así pues tuvimos que elaborar con la ayuda terapéutica su nueva vida para alcanzar el equilibrio cuerpo-mente que todo ser humano necesita.

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La sexualidad es el terreno en que el miedo, los tabúes y los complejos deben liberarse, en que la persona debe dejarse ir con todos los sentidos y sentir a la vez que expresar, porque el amor expresado a través del acto sexual invade de energía todo nuestro cuerpo. Esa energía nos revitaliza a la vez que nos serena, nos equilibra a la vez que nos sana.

La culminación de la sexualidad es lo que llamamos acto sexual y la duración del mismo depende en alcanzar el orgasmo por parte de ambos compañeros. Esto representa que en el caso de relaciones heterosexuales, el hombre deberá esperar que su compañera, mujer lo alcance igualmente. No todos los hombres son capaces de mantener la erección durante mucho tiempo pero para alcanzar la satisfacción mutua deberán regular su propio comportamiento por el de su compañero.

En la ejecución del acto sexual podemos encontrar algunos trastornos como la eyaculación precoz, retardada, la impotencia, la frigidez o el vaginismo cuya explicación más extensa podemos encontrarla en el artículo "Las disfunciones sexuales".

Es mención de este artículo introducirnos en las diferentes desviaciones sexuales más conocidas: masoquismo, sadismo, fetichismo y bestialidad.

El Masoquista sólo alcanza su propia satisfacción sexual mediante la tortura y el sufrimiento tanto físicos como psíquicos y el compañero ideal de dicho desviado es precisamente el Sádico, que obtiene placer con el sufrimiento ajeno. El masoquismo se da tanto en hombres como en mujeres y el sadismo suele ir unido a la homosexualidad o a la bestialidad.

El sádico disfruta con el malestar del otro y la tortura que visualiza para obtener dicho placer puede ser tanto mental como física. En la propia historia podemos encontrar casos de sadismo como por ejemplo en las obras del Marqués de Sade (de él se extrajo el término de sadismo) o bien personajes como Jack el Destripador quien su intenso sadismo conducía a matar cruelmente para conseguir así su propia satisfacción.

En el Fetichismo sólo una parte de la indumentaria despierta el interés sexual. El fetichista no siente atracción por el sexo contrario ni por el propio, sólo muestra interés y deseo por determinada prenda de vestir o parte corporal. La erección o la satisfacción sexual se consigue visionando o imaginando esa parte del cuerpo deseado (pechos, muslos, caderas, pies,...) o un prenda de vestir (guantes, medias, bragas,...). El fetichista suele coleccionar esas prendas de su deseo intenso y obsesivo.

Conocemos como bestialidad a la realización del acto sexual con animales. Suele responder esta desviación con un grave trastorno mental y es quizás la menos común de las vistas.

De todos los comportamientos humanos la sexualidad es el más delicado ya que exige determinadas dotes como inteligencia, equilibrio interior o generosidad. La sexualidad es el único territorio en el que es del todo imposible "hacer trampas".

La sexualidad bien entendida surge de una persona sana, natural y equilibrada, liberada de un interior conflictivo, que disfruta con todo su potencial a la vez que da todo su ser para la satisfacción del otro. La compenetración y total entrega de ambos compañeros equilibra la convivencia al procurar armonía en el interior de cada cual.

 

© Gloria Marsellach Umbert - Psicólogo


KamePG Design - Ultima actualización el 15 de Octubre del 2000

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